En cierto atardecer, un astro errante se desplazó fugazmente sobre nuestro observatorio astronómico. Por el sorprendente brillo e inclinación, podríamos deducir que se trataba de la Estación Espacial Internacional, pero efectuábamos un seguimiento constante de la órbita de la ISS y sabíamos que, durante esos días, no era visible.
Con gran intuición, consultamos vía ciber los últimos datos orbitales de satélites, confirmando lo que esperábamos con impaciencia desde hacía tiempo: China acababa de poner en órbita otra nave tripulada "Shenzhou" (Navío Mágico), preparada para albergar al primer astronauta chino o taikonauta, aunque también en esta ocasión, el sillón estaba ocupado por un maniquí plagado de sensores.
Las noticias que nos enviaban, de fuente fideligna, confirmaban que a los chinos les iva muy bien con la experiencia, pudiendo asegurar por tanto, que la fecha para el lanzamiento de un chino al espacio era cada vez más próxima y así, en octubre de 2003, el dragón volaría al espacio.

El cohete CZ-2F, también perteneciente a la conocida serie de cohete chinos "Larga Marcha", será el encargado de convertir a China en la tercera potencia con capacidad para enviar astronautas al espacio.
![]()
