INTRODUCCIÓN.
La Estación Espacial Internacional (International Space Station, ISS) es el mayor proyecto espacial desarrollado conjuntamente por numerosas naciones: Estados Unidos, Rusia, Canadá, Japón y los miembros europeos de la ESA, a los cuales se irán sumando otros en calidad de colaboradores y que, por el momento, son Brasil y Ucrania. Por tanto, el primer punto a destacar en esta empresa es la cooperación internacional, sin la cual el proyecto habría sido cancelado en sus inicios.
Otro punto destacable es la continuidad de las actividades del hombre en el espacio durante largos periodos de tiempo. El transbordador americano, aún con el Spacelab europeo (ya fuera de servicio), o los nuevos módulos Spacehab, no permite permanencias prolongadas y las intenciones de los rusos en una sustituta a la Mir no han tenido éxito. Las investigaciones que requieren de microgravedad y ambiente espacial, obtienen mayores retornos científicos cuanto más tiempo se mantienen en órbita terrestre; la estación espacial permitirá tales anhelos.
Si bien la ISS estará lejos de ser una gran estación en forma de rueda a la que nos han familiarizado los tratadistas de ciencia ficción como Kubrick (`puesto que el estado actual de la tecnología y la economía de los lanzadores permite únicamente la puesta en órbita de módulos presurizables tubulares), la ISS será la mayor estructura ensamblada en el espacio. Sus dimensiones serán de 64 x 107 metros y sus paneles solares, los mayores construidos hasta el momento. Cuando esté completamente finalizada tendrá un peso que rondará las 450 toneladas.
Por último, pero de enorme importancia para la divulgación popular, es la posibilidad de observar la estación espacial durante sus desplazamientos por el cielo. Ello ya es posible cuando coincide sus pasos en los crepúsculos, pero cuando esté completamente ensamblada, no solamente se convertirá en el objeto celeste más luminoso del cielo nocturno sino que además y gracias a su baja órbita, alta inclinación respecto al ecuador y a su gran tamaño, se podrá observar, en condiciones especiales, en pleno día así como distinguir su silueta mediante un telescopio adecuado.

LA ARDUA TAREA DE CONSTRUIR UNA ESTACIÓN ESPACIAL.
La conquista del espacio no había aún comenzado y sin embargo, algunos de sus pioneros teorizaban sobre las enormes posibilidades que tendría una plataforma tripulada entorno a la Tierra; habría que esperar al Skylab americano y a las Salyut rusas para ver tales sueños hechos realidad. Estas fueron las primeras estaciones espaciales, modestas comparadas con los diseños que se concebían en las mentes de los ingenieros americanos pensando en las grandes perspectivas que se habrían, en un principio, con el Shuttle en pleno desarrollo: desde aprovechar sus depósitos externos como habitáculos hasta fabricar, con material lunar, enormes ciudades situadas en los puntos Lagrange.
Desgraciadamente, el transbordador no resultó tan económico y operativo como se esperaba y tales proyectos quedarían aletargados como ideas futuristas; hubo que conformarse con el Spacelab europeo y la Mir rusa.
Pero en los años 80, una decisión política originaría el desarrollo de la estación espacial ISS. Concretamente, en febrero de 1983, el entonces presidente Ronald Reagan, se dirigiría al país por la televisión para anunciar que "se realizará un esfuerzo para cambiar el curso de la historia"; presentaría su Iniciativa de Defensa estratégica, conocida popularmente como "guerra de las galaxias". Tal proyecto, basado en sistemas emplazados en el espacio para contrarrestar a los modernos misiles rusos, incluía una estación espacial, la Freedom (Libertad) para la cual "América pedirá la colaboración de los países libres".
Los cambios políticos que se producirían posteriormente en el mundo y la crisis económica internacional, -que comenzaría con posterioridad al crash de Wall Street en 1987 y se agudizaría en 1990 con la primera guerra del golfo-, originarían políticas de austeridad en todos los países, enfriando el deseo de construir tal estación. En Estados Unidos, el Congreso aconsejaba aplazar su construcción hasta el siguiente siglo XXI si no se podía realizar de una forma más económica. Precisamente, a lo largo del siguiente año 1991, los debates al respecto fueron largos y "calientes", estando la construcción de la estación a punto de cancelarse en varias ocasiones. Así, George Bush, recién nombrado presidente, afirmaba que "ante todo América no debe perder el liderazgo mundial en la tecnología y en el espacio". De este modo tendría que intervenir personalmente frente a la dura oposición que consideraba las inversiones realizadas hasta la fecha, unos 5000 millones de dólares, como dinero perdido.
En Europa, donde se han diseñado las políticas de la ESA adaptadas para colaborar en la estación americana con el módulo Columbus, la situación no estaba tampoco nada tranquila. Las constantes amenazas de cancelación del proyecto y de los continuos rediseños que se originan en la NASA, provocarían fricciones entre ambas agencias espaciales. Además, el transbordador tripulado europeo Hermes sería cancelado y por tanto, se dependería también de los transbordadores americanos para acceder al módulo europeo. Por si fuese poco, Alemania, socia de enorme peso en la ESA y asumida inesperadamente en la reunificación, desviaría los fondos destinados al módulo Columbus complicando aún más la situación de la Agencia Europea; Alemania confirmaría posteriormente su colaboración en 1995.
Pero el año 1991 fue también un año de interesantes cambios en todo el mundo. Particularmente en tema espacial, Estados Unidos y Rusia firmarían una serie de acuerdos que serían sorprendentes e impensables hasta la fecha: un cosmonauta ruso volaría en el transbordador amerciano, un astronauta americano efectuaría una misión de larga duración en la Mir y ambas naves realizarían una serie de acoplamientos en el espacio. Y es que tras la disolución de la URSS, la apertura de la nueva Rusia sorprende día a día e indudablemente, el espacio es un reflejo de los cambios políticos que se producen en la Tierra. Con el fracaso del golpe de estado en Moscú, Boris Yelstin destacaría la intención de colaborar más estrechamente con los EE.UU., y los norteamericanos, olvidando la etapa de la guerra fría, definirían a los rusos como "buenos amigos y excelentes ingenieros". De hecho, la NASA se interesaría enormemente por la tecnología rusa, concretamente por el cohete Energya, propulsor capaz de satelizar 100 toneladas y un propulsor nuclear (quizás indispensable para una futura expedición a Marte), las naves Soyuz, para utilizarlas como vehículos de emergencia en la estación espacial y el sistema de acoplamiento automático Kurs, el cual resultaría muy costoso desarrollar un sistema similar en América.
A finales de 1991, los socios iniciales de la estación, aún denominada Freedom, dan el visto bueno de lo que se creía sería el diseño definitivo. Parece que todo coge forma, se organiza a la industria involucrada para efectuar los trabajos y se desarrollan los módulos con la idea de comenzar a lanzarlos a partir de 1995. Pero los años siguientes no serían nada fáciles. En Estados Unidos hay fuertes recortes presupuestarios y al reducir vuelos del transbordador, se cierra incluso alguna rampa de lanzamiento. En la NASA hay presiones políticas y se producen drásticos cambios en sus directivos, no sin polémicas, a las que se suman las críticas del colectivo de científicos respecto a la falta de aplicaciones interesantes de la estación espacial para la ciencia. La Freedom está nuevamente en peligro de cancelación y el entonces recién nombrado presidente, Bill Clinton, ordena un rediseño total para adaptarla a los nuevos presupuestos. El Congreso americano aprobaría seguir adelante con el proyecto, pero con un solo voto de diferencia.
Con todos estos terremotos políticos en Estados Unidos, Europa reacciona y detiene el desarrollo de su módulo Columbus a la espera de las decisiones idóneas que se produzcan en Washington. En 1993, la crisis económica internacional afecta gravemente al viejo continente y los países miembros de la ESA reducen contribuciones. Al mismo tiempo, Rusia rompe nuevamente todos los esquemas al plantear adherirse a la Agencia Espacial Europea como miembro asociado -categoría que sólo tiene Canadá- y así poder colaborar plenamente en el desarrollo del Columbus y del Hermes. Tales ideas no cuajan no obstante, en la ESA se piensa en serio en la posibilidad de fusionar la estación americana Freedom con el diseño ruso Mir-2 (inicialmente pensada para sustituir a la Mir). Parece que fue coincidencia, pero ese mismo año, los responsables espaciales rusos informan también de tal posibilidad y con tal resonancia que a finales de 1993 los dirigentes de EEUU y Rusia acuerdan fusionar tales proyectos. Así surgiría un nuevo diseño de la estación que pasaría a denominarse provisionalmente R-Alpha y en la cual Rusia entraría a formar parte como socia principal. Por cierto, ello conllevaría un cambio que aparentemente no tiene importancia y sin embargo, como veremos, es trascendental: la inclinación orbital de la estación pasaría de los 29 grados iniciales a los 52 grados actuales para así facilitar el acceso desde los cosmódromos rusos.
Comienza por tanto, una nueva etapa en el proyecto de construcción de la estación espacial tripulada. Se establecen nuevos presupuestos y calendarios y se planifican una serie de acoplamientos del transbordador con la Mir para ensayar nuevas técnicas y acelerar los trabajos en su construcción. Es la denominada fase 1.

En 1994 los políticos americanos aprueban, sorprendentemente por mayoría, la continuación del proyecto y traspasan oficialmente todas las investigaciones desarrolladas en la anterior Freedom al nuevo proyecto sustituto Alpha. Se organiza nuevamente a la industria denominando a Boeing como contratista principal y a las empresas McDonnell Douglas y Rocktdyne como subcontratistas mayores. Todo parece avanzar de forma imparable: se fabrican subsistemas, se hacen comprobaciones de paneles solares de nueva generación, se efectúan chequeos de los nuevos módulos y se realizan selecciones de nuevos candidatos a astronautas así como entrenamientos de las posibles tripulaciones.
Pero la situación no fué nada optimista a lo largo de 1994. Los calendarios acumularían retrasos considerables, a Rusia le urgen nuevos fondos para seguir adelante y Canadá anuncia la posibilidad de abandonar. Además, en EE.UU. se rediseña nuevamente la estación, -teniendo que aguantar el chaparrón de los demás socios- y la NASA confirma que sus transbordadores no son lo suficientemente potentes como para enviar las pesadas cargas necesarias. Precisamente y a la espera de un nuevo transporte espacial sustituto, el cual tardará años en llegar, se opta por modernizar completamente la flota de los transbordadores existente.
En 1996 la construcción de los módulos suman meses de retrasos y en la NASA se efectúan, por encargo del congreso, auditorías que confirman los graves sobrecostes acumulados. Se demuestra también que la colaboración rusa, no sólo no ha beneficiado al proyecto, sino que al contrario y desde el punto de vista económico, con su contribución se han necesitado inversiones suplementarias. Rusia es incapaz de llevar a cabo sus compromisos y los módulos principales FGB y Módulo de Servicio, indispensables para seguir en la construcción de la estación, corren peligro de no desarrollarse. El FGB, es el primer módulo que se pondría en órbita y está construido por la empresa rusa Khrunichev, pero con innumerables problemas económicos y técnicos a pesar de financiarse con fondos americanos y estar su construcción bajo el control de la Boeing. El Módulo de Servicio será el tercer elemento por orden de lanzamiento e indispensable para seguir la construcción de la estación, al ser el módulo para el control general y hábitat de las primeras tripulaciones. Enteramente financiado por Rusia, tiene muchos más problemas y retrasos que el FGB. Por tales causas, Rusia aconseja utilizar la Mir, por aquella época aún en órbita, como núcleo central de la estación, argumentando que produciría una aceleración en el montaje y en los calendarios, iniciativa a la que se niega rotundamente EE.UU. al originar, además de importantes cambios en el desarrollo de la estación, problemas políticos internos. Tales contenciosos se intentarían solucionar, por parte americana con verdaderos malabarismos presupuestarios, desviando dinero de otros programas de la NASA para financiar la estación así como prolongando la vida operativa de la Mir alquilando alguna misión más en la misma para ayudar de paso, al socio ruso. En Rusia, el mismo Boris Yeltsin, el entonces presidente, autoriza nuevas inversiones con ayuda de la banca en un intento desesperado de adelantar el calendario de construcción.
A lo largo del siguiente año 1997, en Estados Unidos hay problemas estructurales con el Nodo 1 y los retrasos afectan también al módulo US Lab, necesitando presupuestos suplementarios. En la ESA se necesita asimismo dinero extra para su vehículo de rescate CRV puesto que el CNES francés, afectado por los recortes, retira su contribución. Y al floreciente programa espacial del Japón le afecta también la "crisis asiática", obligando a su agencia espacial, la Nasda, a diseñar un transbordador Hope más modesto (conllevando también la dependencia del transbordador americano para acceder al módulo JEM).
A pesar de todo este caos, la selecciones de tripulaciones en las diferentes agencias y los entrenamientos de los ya confirmados continúan... no sin problemas también. Las primeras tripulaciones serán mixtas ruso-americanas y todos sus integrantes quieren ser los comandantes de las mismas: los americanos defienden su mayor contribución en la estación y los rusos que tienen mayor experiencia en este tipo de operaciones. Esto origina cambios constantes, dimisiones, críticas y peripecias organizativas. Incluso se estudió la rocambolesca posibilidad de que en una misma misión, un ruso sea el comandante en algunas operaciones y un americano lo sea en otras. Al final, las primeras misiones serán sucesivamente alternadas entre unos y otros y se utilizarán tanto a los transbordadores como a las Soyuz.
A mediados de 1997 y en la cámara de representantes de Estados Unidos surge nuevamente la polémica: los políticos reacios acusan de engaño a los americanos por parte de la NASA "y a sus nuevos amigos los rusos" y aconsejan expulsar a Rusia del proyecto. Según tales representantes, la contribución rusa multiplicó los retrasos haciendo peligrar lo invertido en la estación. Yeltsin informa de que los retrasos no sólo son rusos sino también americanos y ordena nuevas inyecciones económicas para intentar cumplir con los plazos. No obstante, los responsables espaciales americanos plantean la construcción de un módulo americano que pueda sustituir al Módulo de Servicio ruso, es el denominado módulo MIC. Ello conllevaría también la modificación del primer módulo, el FGB, para que tenga capacidad de reabastecimiento (cosa que el MIC no tendría). En el caso de que el Módulo de Servicio sea puesta en órbita, El MIC funcionaría como complemento acoplado a aquél.
Cuando en 1997 se finaliza el FGB y el Nodo 1, se decide retrasar la puesta en órbita de ambos por el considerable retraso que acumula el Módulo de Servicio. Puesto que el módulo americano MIC tardaría tres años en desarrollarse, se estudian otras posibilidades: o la compra del Módulo de Servicio ruso o la fabricación de un segundo FGB. En el primer caso, Rusia se convertiría en mero subcontratista industrial y ello originaría nuevas crisis políticas, puesto que Rusia dejaría de ser socia del proyecto y en EE.UU. saltaría nuevamente la polémica ya que, años antes se aprobaría la construcción de la estación precisamente contanto con la colaboración rusa. De este modo se optaría, por tanto, por el segundo caso, resultando además un FGB más económico y de rápida fabricación al estar superada la fase de diseño.
A finales de 1997 un nuevo país se uniría al proyecto como colaboradora de la estación, Brasil. Este enorme país, quiso seguir los pasos de China y Japón en el deseo de ser también una potencia espacial, un deseo que se vió frustrado al fracasar su lanzador VLS. No obstante, participará en la estación con experimentos, estructuras tecnológicas y un astronauta propio. Puede que otros países que no son miembros de las agencias espaciales implicadas ni socias del proyecto, colaboren con algún módulo no presurizado, como por ejemplo Ucrania.
Y a principios de 1998 se habla de la posibilidad de que China participe incluso sustituyendo a la problemática Rusia. Ello es debido a las nuevas presiones políticas en el congreso americano donde los legisladores advierten que no pueden pedir indefinidamente dinero al contribuyente tras las continuas inyecciones económicas inesperadas; los sobrecostes superan ya el 22 por ciento del total y la factura de la estación sale por unos 4 billones y medio de las pesetas de entonces, cuatro veces más que el presupuesto inicial de 1984. Indudablemente, de no ser por cuestiones de política internacional, el proyecto habría sido cancelado definitivamente.
A finales de 1998 se anuncia que para evitar más retrasos en el Módulo de Servicio, EE.UU. enviaría fondos a Rusia, pero no directamente, prohibido por los convenios establecidos y por las leyes de comercio, sino por la compra entre otros sistemas, de varias Soyuz para utilizarlas como naves de emergencia.
A finales de 1998, por fin, se pone en órbita con éxito el primer módulo, el FGB. Las tradiciones rusas de lanzar monedas al cohete y tocar "literalmente" madera dieron resultado aquel 20 de noviembre. Dos semanas más tarde, el STS-88 le acoplaba sin problemas al Nodo 1, el segundo elemento.

Estos primeros componentes del gran rompecabezas girarán en torno a la Tierra sin graves problemas según los controles rutinarios, pero solitarios a la espera del cada vez más retrasado Módulo de Servicio. Son muchos los especialistas que creían ver "quemarse" en la atmósfera a los dos primeros elementos al no ver la posibilidad de enviar pronto a este tercer módulo o a un sustituto. Por si fuese poco, a esta incertidumbre se suman las críticas por la falta adecuada de la verificación de los demás módulos, la necesidad de nuevos centros de control y los estudios, no del todo positivos, respecto a cuestiones de habitabilidad y seguridad a bordo de la estación.
A mediados de 1999 Rusia propone una misión tripulada antes de lo previsto, decisión curiosa si consideramos los constantes retrasos por parte de los rusos. Ello es debido a la posibilidad que tiene Rusia para realizar su Módulo de vivienda antes de lo previsto. También en EE.UU., se estima viable la fabricación del TransHab, un módulo que sustituiría al retrasado módulo US Hab. El Transhab es un módulo inflable, de tres niveles en su interior -con lo que se ganaría el doble de espacio- y está fabricado con un material innovador más resistente.
A finales de 1999 parece que todo empieza a coger forma nuevamente. Al Módulo de Servicio, concluido por fin, se le efectúan las pruebas para ser trasladado al lugar del lanzamiento. Pero de nuevo, nubarrones acechan al calendario general: por una parte, el gobierno de Kazajstán, territorio donde está ubicado el polígono de lanzamiento ruso, prohíbe temporalmente la utilización de tales instalaciones por los retrasos en los cobros por su utilización; también surgen demoras en la utilización de los cohetes Protón, los utilizados por parte de Rusia para enviar los elementos de la estación. Precisamente este modelo de cohete demostró en numerosas ocasiones su enorme fiabilidad, no obstante, en los últimos lanzamientos ha fracasado catastróficamente obligando a efectuarles una revisión exhaustiva.

Por otra parte, China tiene la intención de desarrollar su propio programa espacial tripulado y la colaboración con su nuevo amigo, Rusia, le facilitaría tal objetivo. Desgraciadamente, tal política haría distanciar la colaboración de Rusia con Occidente y su posterior abandono en la ISS. Rusia y China planean incluso el desarrollo de una estación espacial compartida. Habrá que esperar cómo se desarrolla tal acontecimiento puesto que ello conllevaría la inexplicable existencia de dos estaciones espaciales. Lógicamente, lo idóneo sería que China participase también en la ISS para que de esta forma, la estación espacial fuese cada vez más internacional.
Con tal caos de organización, demoras constantes e improvisaciones durante la misma fase de construcción -en un sector como el espacial acostumbrado a planificar a largo plazo- cuesta creer que dentro de cinco años se tendrá una estación espacial operativa. Sencillamente, es el mayor proyecto espacial realizado conjuntamente por multitud de países y éstos dependen de las realidades en la Tierra, de sus ciclos económicos, de las vicisitudes políticas y del desarrollo de la técnica. Pero hay que ser enormemente optimistas, en el primer cuarto del siglo siguiente, habrá grandes cambios en la vida cotidiana con nuevos y cruciales descubrimientos y la ISS, orgullo de la colaboración internacional, será el proyecto "estrella" de la ciencia.

| En un próximo capítulo se describirá el desarrollo de la ISS a lo largo de los primeros años del siglo XXI, unos años muy convulsos -a causa de los acontecimientos internacionales- y en los cuales la astronáutica tiene que enfrentarse a un nuevo desastre con la desaparición del transbordador Columbia y su tripulación, hecho que afectaría nuevamente el calendario de la Estación Espacial. |
SEGUIMIENTO VISUAL DE LA ISS: ESPECTÁCULO CELESTE ASEGURADO.
Tenemos que agradecer a los rusos las enormes posibilidades que nos ofrece el poder observar visualmente la estación sobre el horizonte. La contribución rusa obligó a cambiar la inclinación de su órbita de tal forma que será posible seguirla a simple vista, en determinadas condiciones, desde muchos lugares que incluye las zonas más habitadas de la Tierra. Puesto que el centro de lanzamiento ruso de Baikonur está aproximadamente en la misma latitud que la zona cantábrica, el norte de España se convertirá en una zona privilegiada para poder observar algunos pasos de excelencia; en toda España y en numerosas ocasiones al mes, se la podrá observar como un verdadero foco luminoso desplazándose por el cielo. También y en los momentos que la geometría de la luz solar incide sobre los paneles solares y nuestro punto de observación sea el óptimo, se podrán observar destellos espectaculares. Un ejemplo representativo de este tipo lo tenemos en las observaciones de los satélites de la red Iridium, con los cuales se han llegado a registrar destellos de -8 magnitudes. Imaginemos por tanto, la magnitud que alcanzaría la ISS cuando esté plenamente montada.
Asimismo, por la experiencia acumulada en las observación de la Mir, sabemos que habrá oportunidades de observar el paso de la ISS a través de las nubes (naturalmente siempre que éstas no estén muy cargadas o iluminadas a causa de la polución lumínica) puesto que en magnitudes negativas y al estar la estación en una órbita baja, se produce un fenómeno de dispersión-difracción de la luz que permitirá ver su reflejo desplazándose aparentemente por el interior de la nubes.
Pero naturalmente, lo más normal será observar la estación a simple vista en su desplazamiento, aproximadamente de oeste a este, durante los crepúsculos despejados; a la medianoche no será posible observarla excepto en las fechas entorno al solsticio de verano causado por la inclinación de la Tierra. Necesitaremos, eso si, las efemérides de paso, las cuales se obtienen mediante diversos programas hoy en día fácilmente adquiribles en Internet.
Interesante será efectuar fotografías durante sus pasadas, puesto que además de observar su evolución fotométrica, registraremos todo el enjambre que la estación tendrá en sus inmediaciones en determinados momentos: naves Soyuz, Progress, X-38, los transbordadores americanos y los japoneses, los microsatélites de inspección, las plataformas de observación terrestre, de transporte, de investigación... tal cortejo entorno a la estación originará un ballet cósmico que se registrará en las fotografías en forma de trazos de todos los tipos y magnitudes: líneas continuas finas, gruesas, a puntos e incluso en espiral según la estabilización, los movimientos y la inclinación de tales ingenios. Hay que añadir asimismo a las últimas etapas portadoras que se utilicen y los restos que se vayan desintegrando en la atmósfera.
Y también se podrá hacer un seguimiento visual de la estación con telescopio. Con un telescopio de 20 cm de apertura se podrá observar las siluetas de la estación y del transbordador. Con un telescopio de 30 cm se observarán detalles menores de un metro, como por ejemplo, astronautas en plena actividad extravehicular -actividades que por cierto, serán muy asiduas en la estación-, los jets de los motores de maniobra o las fugas de gases y agua que formarán bolas luminosas y cristales de hielo de gran albedo.
Esta última posibilidad no es nada sencilla y depende de la capacidad de controlar o modificar técnicamente los movimientos del instrumento y de la pericia de sus "operarios". La mejor solución, al menos en un principio, será apuntar el telescopio con una CCD cuando la estación se encuentre en el horizonte -momento en que aparentemente tiene un movimiento lento- y posteriormente tratar las imágenes puesto que éstas se obtendrán borrosas.
Por desgracia, debido a que la posición de la estación estará permanentemente controlada mediante su módulo de propulsión, será inútil seguir sus variaciones orbitales para estudiar las causas que las originan (actividad de investigación que se puede realizar con la observación de otros satélites artificiales). No obstante, la simple observación de la Estación Espacial, cuando su paso coincide en el crepúsculo del horizonte lugar, tiene un enorme potencial didáctico: coordenadas celestes, geometría y astrodinámica, constelaciones y astronomía, etc., son sólo algunos de los campos que se pueden cultivar teóricamente y efectuar las comprobaciones prácticas necesarias.
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