A partir de las aceleraciones máximas obtenidas (0,29g para el sismo operativo y 0,56g para el accidental) y, teniendo en cuenta una distancia hipocentral de 5 km, de la relación de atenuación de Campbell (1981) se deducen valores de magnitud de 6,2 y 7,8 para los sismos operativo y accidental, respectivamente.
Se asume que la historia sísmica de una región da una clave de lo que ha de esperarse en el futuro; que
éste seguirá el mismo patrón.
Al analizar la historia sísmica de la ciudad (cuadro a la derecha) y los estudios que estiman las mayores magnitudes que pueden esperarse (cuadro más abajo), se descarta la posibilidad de que ocurra un evento sísmico con magnitud 7,8 en el sistema de fallas de Managua.
Por tanto, se decidió tomar como sismo accidental un evento con magnitud de 6,75, atendiendo los argumentos presentados por Montero (1990) sobre el sismo máximo posible a lo largo del cordón volcánico cuaternario centroamericano, en donde el evento de mayor magnitud observado es de Ms = 6,8, acaecido en el sudoeste de Guatemala en 1930.
Nótese que se tomó un valor mayor que el propuesto por el mismo Montero, mas plausible para el tipo de fallamiento asociado.

La estructura de suelo del sitio puede amplificar los movimientos que son transmitidos a la superficie como consecuencia de la
resonancia entre el periodo natural del suelo y el periodo predominante del terremoto. Asimismo, los peores daños
tendrán lugar si el periodo predominante del sismo corresponde al periodo fundamental (o periodo de resonancia) de las
estructuras.
El contenido de la frecuencia, especialmente en el área epicentral, se presume es una función del mecanismo de origen del sismo [Dowrick, 1995].
En la figura puede verse la tendencia del periodo predominante hacia valores mayores a medida que se incrementa la distancia desde el epicentro, porque los movimientos de alta frecuencia son filtrados, apagándose. Este fenómeno fue estudiado por Housner ya en 1959.
La relación entre la duración del movimiento fuerte y la magnitud del terremoto fue propuesta por Housner
en 1965 y luego confirmada por Donovan en 1974. La duración de los sismos empleados en este estudio es de 16 segundos,
congruente con la duración del terremoto de Managua de 1972.
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Última actualización: mié, 25 jul 2005