La Tierra es un planeta más del Sistema Solar. Eso puede ser cierto, pero cuanto más aprendemos sobre los otros planetas, más apreciamos las características que hacen especial la tercera roca en orden de distancia desde el Sol.










                                                      
 
 La Tierra, con un diámetro de 12756 kilómetros, es el tercer planeta por su distancia al Sol (149,6 kms).
 Posee un único satélite llamado Luna .       
La Tierra es el mayor planeta rocoso, y uno de los mundos geológicamente más activo en todo el Sistema Solar. Se trata del único planeta cuyas temperaturas superficiales permiten que coexista agua en los estados sólido, líquido y gaseoso. Además, alberga una gran diversidad de vida, otro rasgo exclusivo.
Los principales organismos vivos aparecieron en la Tierra hace unos 3.800 millones de años. Loas dinosaurios lo hicieron hace unos 1.500 millones de años. Una de las explicaciones sobre su extinción (que se produjo hace unos 65 millones de años) sugiere que hubo un impacto con un asteroide que llenó la atmósfera de polvo, lo que impidió que la luz y el calor del sol llegaran hasta la superficie. Esto habría producido una breve era glacial en la cual los dinosaurios habrían muerto de hambre y frío.
Varios factores se combinan para convertir a la Tierra en el único planeta hospitalario para la vida humana en el Sistema Solar. Posee océanos inmensos de agua líquida y una atmósfera protectora rica en oxígeno. Sigue una órbita estable y casi circular que ni la aleja ni la acerca excesivamente al Sol. Cuenta con un satélite (grande para los patrones del Sistema Solar) que se comporta como un estabilizador giroscópico y evita que el eje de rotación de la Tierra se desplace sin control. Y, lo más importante, yace en la zona habitable del Sistema Solar, ni muy distante ni demasiado próxima, sino en el punto justo.
En ningún otro planeta existe el agua en estado líquido, sólo en la Tierra. Y abunda muchísimo. Los océanos de agua salada cubren el 71% de la superficie del planeta. El Pacífico alcanza una profundidad de 10.900 m, pero el promedio global es de 3.800m.
Aparte de albergar una vida marina abundante y variada, los océanos desempeñan un papel crucial para la vida en tierra firme. El calor del Sol evapora agua marina; esta humedad se precipita y enfría así los océanos, a la vez que aporta agua dulce en forma de lluvia a las masas de tierra, donde regenera los lagos, ríos y corrientes para acabar devuelta a los mares.
Toda el agua de los océanos atraviesa este ciclo en unos dos millones de años.
Nos rodea una envoltura de aire que se extiende 120 kms hacia arriba. La atmósfera terrestre consta casi exclusivamente de dos gases, nitrógeno (78%) y el oxígeno que alimenta la vida (21%). Además se aprecian trazas de dióxido de carbono suficientes para inducir un efecto invernadero moderado, un factor clave a la hora de retener el calor del Sol y evitar oscilaciones extremas de temperatura entre el día y la noche.
La atmósfera se vuelve menos densa y más fría a medida que aumenta la altura.
 
atmosfera     La atmósfera terrestre da lugar a una meteorología espectacular, como lo demuestra esta intensa tormenta sobre el Pacífico, vista desde el espacio. La meteorología de la Tierra está gobernada por la iteracción entre la atmósfera y la energía calorífica del Sol.
La atmósfera se vuelve cada vez más tenue a medida que se asciende, hasta desvanecerse allí donde empiezan los reinos sin aire de los satélites artificiales y de los astronautas embutidos en sus escafandras.

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La región más densa y cálida, conocida como la troposfera, abarca desde la superficie hasta 16 kms de altura. En esta zona, el aire calentado por el Sol asciende desde la superficie y se va reemplazando por bolsas descendentes de aire más frío. Este patrón circulatorio es el responsable de la mayor parte de la meteorología terrestre.
Sobre la troposfera se encuentra la estratosfera, una región fría y sin nubes que se extiende hasta 60 kms por encima de la superficie. Si se asciende aún más se atraviesa la capa de ozono, que absorbe la mayor parte de la perniciosa radiación solar ultravioleta.
Más allá, el aire se enrarece  y la temperatura cae en picado. En la mesosfera superior, entre 60 y 80 kms por encima de la superficie, la temperatura baja hasta -90ºC. En esta zona se producen los meteoros y las auroras polares.
Más arriba aún, la atmósfera se torna tan tenue que los satélites artificiales pueden surcarla sin frenarse. En la exosfera, la región más externa de la atmósfera, a 500 kms de la superficie, el aire posee una densidad un billón de veces menor que la que muestra a nivel del mar.
      copmposicion tierra


El interior de la Tierra consta del núcleo, el manto y la corteza.
La energía remanente de la formación del planeta, unida a la que produce la radioactividad del núcleo y el manto, genera un flujo de calor que desencadena corrientes de material caliente en el manto.

Un corte de la Tierra muestra una serie de capas similares a las de una cebolla. La corteza, compuesta sobre todo de basalto y granito, tiene un grosor de pocos kilómetros. Por debajo se extiende el manto, compuesto principalmente de metales y rocas ígneas. El manto constituye la porción más importante del planeta y abarca desde la base de la corteza hasta 2.900 km de profundidad. El manto aumenta su densidad con la profundidad.
Por debajo del manto se encuentra el núcleo exterior, líquido. Se cree que este material se compone de hierro, níquel y cantidades menores de azufre y otros elementos, y que su densidad supera en 10 veces la d el agua. Las teorías afirman que las corrientes convectivas en el núcleo externo inducen las corrientes eléctricas que generan el campo magnético terrestre.
Aún más profundo y denso resulta el núcleo interno, donde presiones enormes (cuatro millones de veces las que imperan en la superficie terrestre) mantienen sólidos el hierro y el níquel a pesar de que las temperaturas superan los 5.200 ºC. El núcleo interno, sólido, forma el corazón de hierro de la Tierra y tiene un diámetro de 2.400 kms.
placas
Cuando colisiona una placa delgada de corteza oceánica con una placa continental gruesa (izquierda), la placa oceánica se ve forzada a introducirse bajo el continente y se funde en un proceso llamado subducción. La roca fundida procedente del interior asciende entonces hasta emerger y formar volcanes, como el monte Etna en Italia (derecha).

volcan
La abundancia del calor interno de la Tierra da lugar a una gran actividad geológica en comparación con otros planetas. El calor del interior provoca terremotos y erupciones volcánicas, levanta montañas y desplaza los continentes.
De acuerdo con la teoría de la tectónica de placas, la corteza y parte del manto superior forman una zona que se halla dividida en varios fragmentos relativamente rígidos denominados placas. La deriva continental se produce cuando las corrientes convectivas en el manto superior hacen que las placas "floten" como masas independientes y se deslicen unos centímetros cada año. Allí donde colisionan las placas se levantan grandes montañas, y donde una placa se desplaza por encima de un penacho ascendente de rocas incandescentes del manto surgen volcanes.
El reciclaje de las rocas a través de la tectónica de placas, así como por la erosión debida al viento, la lluvia y el hielo, provoca que la superficie terrestre muestre pocas marcas de impactos debidos a objetos como cometas, meteoroides o asteroides, unas cicatrices que son muy frecuentes en otros lugares del Sistema Solar. Se han identificado más de 160 cráteres de impacto en la Tierra.
La única manera de estudiar el interior de la Tierra es por medio de las "ondas sísmicas". Estas ondas, producidas por los terremotos, se propagan de dos formas básicas: longitudinalmente (ondas "P" o de compresión) y transversalmente (ondas "S" o de cizalladura). Las ondas "P" se transmiten a través de cualquier material, sea sólido o líquido, modificando su trayectoria con cada cambio de densidad. Por su parte, las ondas "S" solo se pueden propagar a través de los cuerpos sólidos, por lo que no puede atravesar el núcleo exterior líquido.
La Tierra está rodeada por un enorme campo magnético, la magnetosfera. Con la rotación, el núcleo férrico de la tierra genera corrientes eléctricas que se proyectan hacia el espacio y forman un escudo alrededor del planeta que lo protege del viento solar: unas veloces corrientes de partículas generadas por el Sol y cargadas de electricidad. Estas partículas quedan atrapadas en la magnetosfera y forman dos regiones llamadas "los cinturones de Van Allen".

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