De todos modos no son recomendables los apareamientos entre ejemplares demasiado jóvenes puesto que, con mucha probabilidad, los huevos no estarán fecundados y la puesta supone un esfuerzo desmesurado e inútil para la hembra. En general se recomienda no someter a cría a los ejemplares en su primer año de vida.
Como ocurre entre los humanos, no todas las parejas se llevan bien. Para encontrar la pareja ideal lo mejor es disponer de un grupo y dejar que sean las propias aves quienes elijan a su compañero/a. Si pretendemos realizar una cría selectiva, podemos intentar emparejar a un par de ejemplares manteniéndolos aislados durante un tiempo. Después acercaremos las jaulas para que se oigan y, posteriormente, dejaremos que se vean y que lleguen a tocarse entre los barrotes de la jaula. Si observamos indicios que nos hagan augurar una relación positiva podremos pasarlos a la misma jaula. Si el sistema no funcionara podemos volver a intentarlo aunque, si esta vez no funcionara deberíamos desistir y buscar una nueva pareja.
Una vez elegida la pareja, deberemos proporcionarles todo lo necesario para facilitar la tarea de criar una nidada:
Para empezar deberemos cuidar su alimentación. Además de su dieta normal a base de semillas, tendremos especial cuidado en proporcionarles frutas y verduras variadas y en buen estado. Asimismo podemos ofrecerles diversos tipos de amasijos a base de huevo, muy ricos en proteínas, para permitir un rápido desarrollo de la nidada. También deberemos ofrecerles un aporte extra de calcio, necesario para la formación de la cáscara, cuidando que no falte en la jaula pastillas de calcio o huesos de jibia. Una dieta pobre en calcio puede ser causa de huevos frágiles y provocar la descalcificación de los huesos de la hembra. Otro alimento rico en proteínas es la pasta para insectívoros que podemos encontrar en los comercios, aunque los animales necesitarán de un tiempo para acostumbrarse a ella.
En el mercado existen jaulas especiales para una pareja de periquitos. Son algo mayores que las convencionales ya que deberán albergar a la pareja más los polluelos.
A la jaula deberemos añadirle un nido. En libertad, los periquitos construyen sus nidos en agujeros en los troncos de los arboles. En cautividad les proporcionaremos una caja nido de madera que podemos adquirir en los comercios o tiendas de animales o que podemos construir nosotros mismos con maderas sin barnizar. Unas medidas mínimas podrían ser: 10 cm de ancho, 10 cm de alto y 20 de largo, con un agujero circular de 4 cm de diámetro. De todos modos nuestras aves agradecerán un espacio algo mayor.
Los periquitos no suelen forrar el nido por lo que es aconsejable echar un poco de serrín para evitar que los huevos rueden y se den golpes que pudieran estropearlos.
Si criamos a nuestros pájaros en una pajarera el numero de nidos debe ser el doble que de hembras ya que estas suelen ser muy exigentes a la hora de elegir. Esto puede ocasionar numerosas riñas en nuestro aviario por lo que deberemos estar muy atentos a lo que ocurra en su interior.
En cautividad, los periquitos no tienen un período de reproducción establecido y pueden criar durante todo el año. Si disponen de las condiciones adecuadas pueden llegar a realizar tres puestas al año aunque, por el desgaste que eso conlleva, no es aconsejable someter a las hembras a más de dos puestas.
El cortejo de los periquitos es bastante fácil de reconocer. El macho adopta una postura erguida, levanta las plumas de la frente, da pasitos o pequeños saltos ante la hembra, se balancea en los barrotes para intentar llamar su atención al tiempo que emite suaves reclamos. El macho agasaja a la hembra acariciando sus mejillas y nuca. Intenta darle golpecitos en el pico y le ofrece comida regurgitada.
Si acepta a su compañero, la hembra se vuelve cada vez más mansa, responde a sus caricias y acaba aceptando la comida que le ofrece. Esta es una señal inequívoca que el apareamiento está cerca.
En este estadio, la hembra empieza a frecuentar el nido, realizando numerosas visitas que aumentan en número y duración a medida que se acerca el apareamiento.
El momento exacto en que este se produce lo determina la hembra. Esta se acurruca sobre el barrote abriendo las alas permitiendo que el macho la monte agarrándose con las patas a las plumas de su espalda. El macho intentará fecundarla poniendo en contacto las cloacas para introducir el liquido espermático en la cloaca de la hembra, cosa que no siempre ocurre en el primer intento. En pajarera es posible que una hembra se aparee con un par de machos por lo que no podremos controlar el origen de su descendencia.
La hembra seguirá visitando el nido y pasará cada vez más tiempo en él. Cuando ponga el primer huevo empezará la incubación. A partir de entonces irá poniendo un huevo cada día, generalmente al amanecer o al atardecer, hasta un número de 4 a 8.
La incubación dura unos 16 días y corresponde únicamente a la hembra, que raramente abandona el nido. El macho la alimenta regurgitando la comida en su pico tal y como lo hizo durante el cortejo. Para tener éxito es necesario proporcionar a la pareja toda la tranquilidad posible.
Pasados unos diez días de la puesta, podemos comprobar si los huevos han sido fecundados mirándolos a trasluz. Si son fértiles serán opacos. Si no lo son aparecerán traslúcidos. Sin toda la nidada apareciera algún huevo infecundo podríamos dejarlo pero si todos lo fueran, deberemos retirarlos para ahorrar a la pareja un esfuerzo inútil y animarlos a emprender una nueva nidada.
Los polluelos nacerán pasados 16 días en el mismo intervalo con que fueron puestos así que entre el más joven y el mas viejo puede haber una diferencia de más de una semana.
Puede ocurrir que los polluelos más jóvenes mueran aplastados por sus hermanos mayores. La hembra no interviene en los nacimientos así que cada periquito deberá nacer por sus propios medios. Una vez fuera, la hembra se encargará de lanzar las cascaras fuera del nido.
En sus primeros días de vida, los polluelos se alimentarán con una papilla semilíquida conocida también con el nombre de "leche de periquito". A medida que pasen los días el alimento regurgitado será más pastoso incluyendo trozos de semillas.
Esta tarea la comparten macho y hembra.
A veces, por exceso de celo, el macho puede volverse agresivo contra la hembra, atacándola cada vez que abandona el nido para hacer sus necesidades y llegando a herirla. Dado el caso deberíamos separar al macho y trasladarlo a otra jaula.
Esta situación deja toda la cría en manos de la hembra. Es una tarea agotadora, por lo que es conveniente dejar descansar a la hembra por algún tiempo antes de emprender una nueva nidada.
Al cabo de poco menos de un mes (entre 20-25 días) los polluelos empiezan a abandonar el nido. A pesar de ello aún no son periquitos adultos y sus progenitores seguirán alimentándolos durante un tiempo. Estas comidas irán espaciándose cada vez más obligando a los jóvenes periquitos a buscar alimento por su cuenta. Esto no resulta de su agrado y pueden perseguir a sus padres durante horas en busca de comida, incluso cuando son capaces de alimentarse por sí mismos (con alrededor de un mes de vida: 30-40 días). Una solución consiste en separar a los jóvenes poniéndolos en una jaula que permita a los padres alimentarlos cuando quieran sin verse perseguidos.
Si por los motivos que fuere (muerte, incapacidad, abandono,...) los padres no fueran capaces de criar a sus polluelos y no consiguiéramos otros padres adoptivos, podemos recurrir a la cría artificial manteniendo los huevos en una incubadora y alimentándolos manualmente cuando ya han nacido, del modo como lo harían sus padres. Podemos ayudarnos de una jeringuilla y en los comercios especializados podemos encontrar pastas de cría para tal fin. De todos modos la cría artificial requiere mucha dedicación y esfuerzo.