LOS PSITÁCIDOS EN LA ANTIGÜEDAD: LA ÉPOCA DE ALEJANDRO MAGNO
La fascinación que los hombres han sentido por los psitácidos
(loros y cotorras principalmente) es tan antigua como la humanidad.
Su caracter tumultuoso, su brillante plumaje, su espectacular colorido
y ese pico que les distingue de las demás aves, llaman poderosamente
la atención y han sido objetivo frecuente de las miradas de aventureros
, exploradores y navegantes de todos los siglos.
Aunque sabemos que los conocían, no los encontramos en las representaciones
Egipcias ni aparecen citados en la Biblia. Las primeras noticias sobre
estas aves las hallamos en la Grecia antigua:
Hijo de Nicómaco, medico y amigo del rey de Macedonia, Aritóteles nació
en la ciudad de Estagira en el año 384 a C. En su juventud marchó a
Atenas. Allí conoció a Platón y fue su alumno durante casi 20 años
hasta la muerte de su maestro.
En el 343 a C., Aristóteles fue llamado a la corte de Macedonia como
maestro del joven príncipe Alejandro que posteriormente pasaría a los
anales de la historia con el sobre nombre de Alejandro Magno.
Muerto el rey Filipo de Macedonia en el 335 a C. y con Alejandro como
rey a los 20 años de edad, Aristóteles volvió a Atenas donde fundó una
escuela: el Liceo.
Alejandro tuvo que enfrentarse a las criticas de sus adversarios que
desde Atenas y Tebas pretendían discutir su autoridad. Tebas se rebeló
y fue conquistada, Atenas fue respetada aunque los principales
adversarios de Alejandro fueron desterrados.
En el año 334 a C. Alejandro emprendió la conquista del Imperio Persa.
Avanzó por Asia Menor y Egipto. En el 332 a C. destruyó la ciudad de
Tiro y en ese mismo año fundó la ciudad de Alejandría. Desde allí
avanzó hasta el corazón de Mesopotamia y el Imperio Persa que cayeron
en el año 330 a C.
Alejandro adoptó formas y costumbres Orientales que le valieron numerosas
críticas de sus propias filas.
Tras la conquista del Imperio Persa, en el año 327 a C. el príncipe
Alejandro emprendió una nueva campaña Avanzó hasta el Indo, territorios
inmensos de dónde procedían una gran parte de los tesoros del Imperio
Persa y donde se creía que los ríos arrastraban oro. La India era un
país legendario, el País de los 5 Ríos (las regiones que rodean los
brazos del Indo), un mundo nuevo con una flora y una fauna desconocida
y nunca antes vista por los griegos.
Alejandro venció a los ejércitos que salían a su encuentro, el historiador
Plutarco describe la batalla que lo enfrentó al rey Porus, y superado
el Indo, el Ganges se convirtió en su siguiente objetivo. Según las
creencias en aquel tiempo, el fin del mundo se situaba allí donde el
Ganges desemboca al mar. Si conseguían llegar hasta allí dominarían
todo el Mundo Oriental .
Pero lo que no habían conseguido los ejércitos, lo consiguieron los
monzones. Dos años después de iniciarse la campaña ( en el 325 a C.)
se ordenó la retirada sin ver cumplido su último objetivo.
Se buscaron nuevas rutas navales: primero del Indo al Tigris, y después
del Tigris al Eufrates para regresar a Persia dónde le esperaban no
pocos problemas con sus tropas.
Alejandro se trasladó a Babilonia, allí enfermó y en el año 323 a C.
murió sin dejar un sucesor, lo que provocó una serie de enfrentamientos
entre todos los pretendientes al trono y acabó con la disgregación del
Imperio Macedonio.
Tras la muerte de Alejandro, Aristóteles fue acusado de impiedad y fue
exiliado lejos de Atenas hasta su muerte un año después (322 a C.)
Se sabe que a su regreso de las campañas de Oriente, entre el botín
conquistado se hallaban numerosos ejemplares de cotorras y otros
psitácidos amaestrados tal y como se hacía en la India.
Una de las mayores aportaciones de Alejandro fue su contribución al
conocimiento de Oriente, un mundo desconocido hasta entonces. Los
informes que proporcionó contribuyeron a los estudios, entre otros, de
sabios, geógrafos y naturalistas. Muchos de estos trabajos se hallaban
recopilados en los archivos de la biblioteca de Babilonia y, aunque
hoy se han perdido por completo, sabemos de su existencia a través
de los sabios que tuvieron acceso a ellos.
Alejandro destinó también mucho dinero para el desarrollo de múltiples
investigaciones y los trabajos científicos de Aristóteles, su protector
de juventud, que fue el primero en dividir el mundo animal en vertebrados
e invertebrados y subdividirlos a su vez en mamíferos, aves, peces,
reptiles y anfibios.
Para hacernos una idea, Aristóteles sabía ya que las ballenas no son
peces, ni los murciélagos aves, sino mamíferos. A otros sabios les
encargó el estudio de las características y formas de vida de diversos
animales exóticos. Muchos de estos estudios se conservaban en la
Biblioteca de Alejandría (hasta que ésta fue incendiada por las tropas
romanas en el año 47 a C.) ciudad que se convertiría en el centro de
la ciencia y cultura helenística.
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